De cara al horizonte

miércoles, 20 de junio de 2012

De lo imposible

Se miraron a los ojos:
ella, sonrisa desgastada,
dientes alicaídos,
derrota en su mirada.

Él, oronda barriga,
oronda como su alma;
corazón de hierro,
voluntad de paja.

Se vieron el uno al otro,
con los ojos mudos,
y comprendieron con enojo
que ya no eran uno.

A pesar del tiempo,
de lo ancho recorrido,
de los obstáculos superados,
del dolor vivido.

A pesar de la fe,
de la inercia de la vida,
del incesante discurrir del tiempo
que todo y nada olvida.

A pesar de los pesares
y de los frutos de su amor,
comprendieron que no siempre
es suficiente amar sin condición.

Y la llama se apagó
como se extingue una estrella,
dejando de su grandiosidad
una luz que parpadea,

recuerdo de lo que un día fue
y jamás regresará,
recuerdo de lo que pasa sin consuelo
pero que por algo ha de pasar.

Hay cosas que son imposibles
y sólo imaginarlas ya son una maravilla...
maravillosamente dolorosa.

lunes, 18 de junio de 2012

La búsqueda

Sangra el corazón
la voluntad perdida,
que huye despavorida
hasta un rincón.

Escapa la razón
en cada latido
que pierde el sentido
y la compasión.

Compasión o sin pasión,
con voluntad o sin ella,
con sentido o sin razón,
jamás habrá cosa tan bella.

Y estos son los versos
de un loco anestesiado
que más allá del dolor
no ha conocido el amor.

Pobre desdichado
que busca en sus heridas
el afecto que no encuentra
en su locura siniestra.

Cicatrices lacerantes
de un alma suplicante
que grita en silencio al corazón:

"Escúchame, insensato,
no busques el amor
si aún no lo has encontrado en ti mismo".

"No hay mayor abismo
que el ancho dolor
de buscar en otros lo que hay en mi interior".


miércoles, 13 de junio de 2012

Nomadi and the wolf

Uno nunca sabe en qué momentos la vida le deparará sorpresas, ni tampoco sabe si serán buenas o malas. A veces, de las peores experiencias se sacan las más valiosas lecciones, y en los momentos más malos aparecen las mejores oportunidades.
Y en esto que una mala experiencia y un perro intrépido dieron lugar a que dos personas encontraran uno de los mayores tesoros que el hombre puede encontrar jamás: la amistad. Y con ella, cosas que uno nunca olvida y que no pasan desapercibidas, ni siquiera aunque uno lo pretenda. Un abrazo a tiempo, una charla interminable, algunas 'bombas' a la luz de la Luna... son algunas de ellas.
Uno nunca sabe cuándo la vida le abrirá una puerta, por eso hay que estar muy atento para colarse cuan rápido se pueda. La última vez, alguien estuvo raudo cual lobo feroz y mereció la pena. Ahora un nómada recorre el bosque mientras el lobo se asoma entre los árboles y le grita: ¡Bu!, con la esperanza de arrancarle un susto y una sonrisa, aunque a veces el lobo sea quien se asuste cuando el nómada le pilla desprevenido.
Y entre susto y susto, ambos saben que durante su travesía, bajo la atenta mirada de las estrellas que reflejan la oscura claridad de las charcas y la siniestra belleza del bosque, uno siempre contará con la ayuda del otro.

Felicidades Bu, espero que la vida nunca deje de depararte sorpresas. Aprovéchala al máximo, que dicen que los lobos viven siete u ocho años, aunque seguro que los buenos viven más.
¡Hakuna Matata!


viernes, 1 de junio de 2012

En una caja de cartón

Uno nunca sabe dónde va a encontrar la felicidad ni en qué forma. Por eso hay que tener los ojos bien abiertos, el corazón atento y el alma vigilando. A veces puede ser una canción, otras una afición, otras una persona... incluso puede que sea muchas cosas juntas.
Y cuando uno la encuentra, en ocasiones ni siquiera se da cuenta, y entonces el tren pasa de forma estruendosamente sigilosa, dejando un hueco en el aire que el aire mismo rellena, y su único recuerdo será el viento que a su paso deja.
Y otras veces, la sorpresa sobrecoge al corazón, que se acurruca dentro del alma, que cierra los ojos sin querer nada ver. Y entonces el tren pasa de forma estruendosamente melancólica, con la sensación de dejarse cuentas pendientes entre los pulidos y brillantes raíles, de perderse entre las vetas de las traviesas que se esconden del Sol entre las piedras.
Pero hay veces en las que los ojos se iluminan e iluminan el alma, que a voces le grita al corazón que palpite más fuerte para poder seguir al tren que lleno de júbilo corre, y a su paso deja huecos que el aire intenta llenar, pero a los que la felicidad llega antes, inundándolo todo con su explosiva presencia.
Uno nunca sabe dónde va a encontrar la felicidad, porque esta puede estar en todos los sitios, incluso en una caja de cartón. Por eso, nunca se abandona la voluntad, nunca se pierde la esperanza, nunca se dice nunca, porque siempre todo puede pasar.

Con cariño para Laura.
Felicidades.




Dreams at the sky




De regalo, esta canción que encontré el otro día y me gustó bastante.

jueves, 24 de mayo de 2012

Don't worry, be happy

Hubo un día en el que Jules no sabía qué hacer ya. Había llegado a un lugar que no le era nada familiar y al mismo tiempo, era más de lo mismo. Siempre las mismas rocas, las mismas pequeñas y puntiagudas rocas que se le metían en sus llamativos zapatos, que sacaba una y otra vez y, sin saber cómo, volvían a entrar. El mismo sendero de tierra amarillenta que discurría bajo la atenta e implacable mirada del Sol, Lorenzo para sus amigos, y en el que a veces, y sólo a veces, había un suspiro bajo la sombra de un árbol. Jules no podía más, avanzaba con parsimonia pero sin ganas, un movimiento fruto de la inercia. El camino que había iniciado meses atrás, cuando hacía tanto frío que ni la lluvia se atrevía a aparecer, era francamente duro. Tantas veces había avanzado embargado de alegría al ver que llegaba a la cima... y tantas otras llegó y se encontró con una nueva cuesta. Y tantas y tantas veces había pasado ya, que al coronar esta loma se sentó abatido. Sabía que tenía que seguir, pero necesitaba como el agua que en algún momento, en algún lugar, el camino le diera alguna facilidad. Tan sólo pedía algo de alivio que le hiciera más fácil avanzar. Estando sentado, con Lorenzo en el cielo presenciando la escena, comenzó a escuchar unos pasos tras de sí. Con recelo, giró la cabeza y vio aparecer, poco a poco, la figura de otro hombre. La luz no le dejaba apenas ver nada, pero lo primero que vio de él fue una gran sonrisa de lado a lado. Poco a poco se acercó, con paso lento pero decidido, y al llegar a su altura, le tendió la mano. Jules, con timidez, se la dio y el desconocido tiró con fuerza de él para levantarle. Sin un "hola", ni siquiera una presentación, el desconocido le dijo a viva voz:
- ¡Hakuna Matata!
Y con el mismo paso lento pero decidido, prosiguió con su camino. En ese instante, Jules lo vio todo con infinita claridad. Durante unos segundos, comprendió que no hay mejor esfuerzo que la voluntad de luchar, que no hay mayor recompensa que la felicidad que ésta da, y que nunca la voluntad desaparece, ni aunque el mismísimo Mefistófeles pretenda echarla abajo con toda su determinación, si hay alguien acompañando para soportarla cuando esta empiece a flaquear.
Ambos siguieron camino arriba, subiendo al eterna loma en busca de la felicidad. De vez en cuando se escucha  una estridente voz que en medio de la nada grita: Don't worry, be happy!

Dedicado a Nozop, una de esas personas que uno conoce sólo de vez en cuando, siempre lleno de buenas intenciones y que siempre algo te puede enseñar.

martes, 22 de mayo de 2012

Un lugar para descansar


Vuelve a nacer,
de la nada viene
y a la nada va.

Y al perecer,
nadie sabe por qué
vino ni se fue.

Y si hubiera un porqué,
no habría un qué,
ni habría lágrimas por sonrisas.

Y si hay un qué
no hay que buscarle un porqué,
porque al corazón no le interesa
y la razón no lo sabe ver.

De tanto enlazar,
se enlazó el propio amor
que enredó la pasión con la locura
y jamás nadie deshizo la unión.

No hay qué sin porqué,
no hay porqué para el qué,
no hay razón para el amor
no hay amor para la razón.

Las nubes vienen,
las nubes van,
el aire pasa
y no se quiere quedar.

El corazón late,
el corazón late,
el corazón no descansa
hasta no ver el final.

No hay rosas suficientes
que lo puedan frenar,
pero hay espinas bastantes
como para poderlo martirizar.

No hay amores en el mundo
que se puedan comparar
a la pasión que inspiro al despertar
y aprisiono hasta mis ojos cerrar;

mientras mis pulmones gritan
que les deje respirar,
mientras mi alma suplica
que mis ojos no vuelva a cerrar;

mientras  mi corazón retumba en el pecho
en muchos pechos
esperando encontrar en el tuyo
un lugar para descansar.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Pasionalmente esquizofrénico

- ¡Párate!
Esa repentina rotura de su caótico silencio intrapersonal fue tan brusca e inesperada que casi tropieza y se cae. De repente, la realidad se hizo presente, como si acabara de despertar de un trance. Avanzaba tan rápido que aperas era consciente de su propia respiración. El latido de su corazón marcaba el ritmo de sus pasos que cada vez eran más rápidos intentando seguir el estruendoso palpitar de su corazón, el cual latía más y más rápido intentando seguir el ritmo de los pasos: un círculo vicioso y sin un fin, con un solo propósito: vivir.
Y una vez detuvo su frenético paso, su mente recobró la consciencia visual y sonora. Era de noche, tan de noche que ni las estrellas se atrevían a asomarse al cielo, tan sólo la Luna en su condición de señora mayor osaba aportar algo de luz a la densa oscuridad. Y sus tenues pero anormalmente bellos reflejos iluminaban una rocosa playa que se extendía a su alrededor y a la cual el mar enfurecido llegaba rugiendo con rabia , echando espuma por la boca en forma de miles y miles de olas. La luz brillaba en ellas y le otorgaba una extraña magia a aquel hermoso y fantasmagórico lugar. Y allí estaba, por fin consciente de su corazón, de su respiración y del lugar a donde los pies le habían llevado, cuando recordó la voz. A su alrededor no había nadie.
- ¿Quién eres?-, preguntó aún con la respiración entrecortada y casi sin aliento.
- ¿Y eso qué más da? Sólo quiero hablar contigo.
- ¿Conmigo? ¿De qué?
- De ti. Quiero que dejes de hacerme sufrir.
La situación se volvía esperpéntica por momentos.
- ¿Que deje de qué...?
- ¡De hacerme sufrir! -contestó casi sollozando.
- Pero, ¡dime quién eres!-, le respondió molesto.
- Eres un necio.
- ¡Quién eres!-, rugió con todas sus fuerzas.
- Soy tú, maldito ignorante. Eres tan egocéntrico que ya no te reconoces ni a ti mismo.
Nada tenía sentido pero, ¿qué es la vida sino el mayor de los sinsentidos? Aunque tenía tentaciones de cerrar los ojos y volver a caminar tan rápido como sus piernas le permitieran, decidió ver dónde acababa todo aquello. Después de todo era muy propio de él tocar las narices en los momentos más inoportunos, aunque siempre con buena intención.
- ¿Por qué te hago daño?
Durante unos instantes lo único que se oyó fue el murmullo escandaloso del mar, acompañado por el de la brisa. La verdad siempre se toma su tiempo para salir a la luz, aunque sea a la de una solitaria Luna.
Se oyó un profundo suspiro, tan hondo que parecía que se iba a tragar el universo entero. Después, comenzó a hablar, al principio con congoja: los nudos se acumulaban en su garganta yle costaba decir dos palabras seguidas.
- Es... estoy... cansado.
Y aunque no podía verlo casi podía notar que en algún sitio, en algún lugar, una lágrima acababa de brotar, conteniendo tanta amargura que ni siquiera la Luna podía hacerla brillar.
- Estoy agotando... no puedo más, ¡no puedo más! ¡Tienes que dejar de ser tan insensato! Estoy harto de que hagas latir tan fuerte al corazón, tan rápido, para que luego no sirva de nada. ¡Deja de enamorarte! Es imposible, pero por lo menos no le des alas, ¡algún día nos vas a matar! Siempre, siempre haces lo mismo. PRimero lo niegas, pero en realidad te hierven las venas cuando notas siquiera su presencia cerca de ti, ni qué decir cuando no te habla o te sonríe... Y, por fin, cuando te das cuenta... ¡no paras! Al contrario, ¡te vuelves más loco todavía! De repente, ya no existe ni el tiempo, ni el espacio, ni tan siquiera tú. En cada instante entregarías tu propia vida, te arrancarías el corazón por ella.
- ¿Y para qué lo quiero si no? ¡Para qué quiero vivir entonces!-, contestó enfurecido por su estúpido razonamiento.
- ¡Yo también quiero vivir, maldito egocéntrico!
- ¡Tú no eres nadie!
- ¡Yo soy tú, estúpido! ¡Más racional y sensato, pero tú al fin y al cabo! Y estoy cansado de que quieras lo imposible, cada vez que lo intentas y fracasas me hundes un poco más.
- Yo no lo intento, ¡lo hago! Intentarlo es de cobardes, hago lo que tengo que hacer para ser feliz, otra cosa es que a veces lo que haga no salga bien. ¡Pero lucho! Y no me arrepiento de ninguno de los "fracasos" como tú los llamas, simplemente continúo hacia adelante.
- ¿Es que no te das cuenta de que si no te llego a detener ahora mismo estarías ahogándote ahí dentro?-, gritó refiriéndose a las olas que delante de él se peleaban a muerte para morir todas en la orilla. Sin embargo, él estaba convencido de que todo iría bien.
- Nunca lo entenderás, -le dijo con resignación-, si por ti fuera nunca me levantaría del suelo cada vez que me caigo.
- Si por mi fuera quizás no te caerías.
- Puede, pero eso significaría que no estoy caminando. Quiero luchar, llorar, gritar, correr, nadar, seer feliz... quiero vivir. Y sé que me caeré muchas veces, pero incluso en el suelo llegaré a contemplar cosas que otros nunca jamás verán. Y cuando me levante, estaré cansado y puede que dolorido, incluso a veces pensaré en no levantarme. Pero cuando lo haga, tendré tanta hambre que me comeré el mundo de un sólo bocado.
- ¡Hay cosas que son imposibles!-, le contestó tercamente su yo racional.
- Pero sólo imaginarlas ya es una maravilla-, le respondió él.
- Maravillosamente dolorosa-, le replicó de nuevo con melancolía.
- Creo que me arriesgaré.
Y, sin más, echó a correr hacia el mar. Las olas y la oscuridad dieron buena cuenta de él, visualmente hablando, claro, pero su espíritu brilla más que todas las estrellas de la noche.