De cara al horizonte

jueves, 22 de octubre de 2015

El retorno cobarde

Cuán ingenuo fue,
huyendo sin mirar,
corriendo sin pensar.

Qué pudiste ver,
qué te hizo creer
que hallarías la paz.

Alma oxidada,
corazón ingenuo,
quiso encontrar la luz
en un callejón negro.

Quisiste volver
de donde te fuiste con miedo,
sentir el calor
en el peor y crudo invierno.

No regreses, nada hallarás,
aquí y allí, todo permanece igual.
Qué buscas, pobre insensato,
¿Consuelo? Vete, aquí no está.

Pues el dolor, el amor o la verdad,
todo aquello que llevas dentro,
siempre contigo están.

No hay distancia suficiente,
no hay tiempo infinito,
si el alma no es vehemente.

No busques dejar atrás
lo que está en tu interior,
impregnado en tus venas
y de raíz en tu corazón.

Inalterable, totalmente inerte,
indiferente a tu traición.
Lastre inútil, profundo dolor,
deja de huir o deja de llorar,
mas no pretendas encontrar la paz
escondiendo tus huellas con la arena
que el viento volverá a desenterrar.

sábado, 18 de julio de 2015

El valor de los sueños #SempreJules

¿Cuánto valen los sueños? ¿Cuánto vale esa sensación en el fondo del alma que la vida tiene sentido? Notar cada mañana, nada más abrir los ojos, que ya sabes lo que quieres hacer. Aún no has puesto un pie fuera de la cama y tu mente ya está volando... imaginando cómo sería cumplir ese sueño. Pero no es una tarea fácil, sino el resultado de años de esfuerzo. Un camino largo con muchos pasos, con muchos obstáculos y bifurcaciones. Y cada vez que superas una dificultad, un hormigueo recorre las piernas y te empuja a seguir más rápido. Cuando llegas a un desvío y no sabes a dónde ir, a lo lejos miras y ves hacia dónde está su sueño. Y entonces, sin dudarlo, sin miedo, te lanzas al vacío y sigues, con fe absoluta en que si ese camino te lleva en la dirección correcta no puede ser malo. Y cada logro te llena el espíritu y, por pequeño que sea, te convierte por instantes en la persona más feliz del mundo. Y notas que el corazón se acelera, que necesitas respirar más rápido, porque quieres más, porque de repente lo has vuelto a notar, ese cosquilleo interno, esa inyección de adrenalina al darte cuenta, de nuevo, que la vida tiene sentido y, paradójicamente es ese: ser feliz. Y lo eres gracias a ese objetivo que con ansia persigues, que te hace luchar con todas tus fuerzas, sacar lo mejor de ti mismo, levantarte tantas veces como haga falta y que convierte los malos momentos en lecciones de las que aprender para llegar mejor o más rápido a ese sueño.

Cuando soñamos hacemos soñar a aquellos que nos rodean, a aquellos que comparten nuestra meta, que sienten, casi tanto como nosotros, el deseo de que lo consigamos. Y, de alguna manera, nuestras victorias son suyas, nuestra felicidad es suya... y nuestros baches también. Porque los sueños tienen tal dimensión que nos trascienden. ¿Cuánto vale un sueño? A veces nos cuesta la misma vida... Pero para qué es la vida si no es para soñar y, a través de esos sueños, vivir para siempre en aquellos que, a los bordes del camino, nos animaron a seguir adelante.



sábado, 11 de octubre de 2014

La paradoja del "miau"

- "Hay veces que las palabras se atascan en la boca, o en la pantalla, mientras el cursor parpadea burlón, como si estuviera recordándote con sorna que no sabes qué decir. Se apelotonan todas en la punta de la lengua, pero escondidas. Notas su presencia, ocupan tanto espacio, que parece que se te hinchan los carrillos como un globo a punto de estallar. Y sin embargo, cuando vas a buscarlas, no están".

- "Se atascan en la boca como los sentimiento se quedan atrapados en la garganta, formando un nudo, en ocasiones marinero, imposible de romper. Muchas veces, las más, cuando las palabras se apelotonan pero no salen es porque los sentimientos pesan tanto que se hunden. Forman una especie de cuerda que, atadas con un nudo en la garganta, sostienen un peso que se balancean en lo más profundo del alma. Y ahí, en ese espacio etéreo, la tristeza, la desolación, la pena, la melancolía, penden de un hilo. Y van yendo y viniendo de un lado a otro como el péndulo de un reloj de pared".

- "En esas ocasiones, un buen recurso es escuchar música y esperar. Como cuando uno quiere dormir y no puede porque está pensando en que quiere dormir y no puede, porque está pensando en que quiere dormir y no puede, porque... En fin, ese tormento nocturno que en algún momento, en medio de la oscuridad, encuentra su fin sin que uno descubra el quid de la cuestión. De tal forma que cuando vuelve a quedarse encasillado, no sabe qué hacer, porque no lo recuerda. Simplemente sabe que en algún momento de la noche, algo hizo y se durmió. Los únicos testigos, a saber: la Luna, algunas estrellas si el cielo está despejado, y algún gato callejero que curiosee a través de las ventanas esperando un hueco por el que colarse para encontrar comida y/o un hogar. Pero los astros no hablan, aunque algunos dicen entenderlos, y los gatos solo dicen "miau" cuando quieren algo".

- "Resulta que el quid de la cuestión es que hay que esperar y no hacer nada. Porque quizás no sea el momento de dormirse todavía, o de llorar, o de entristecerse... Lo que toque en cada momento. O porque de tanto desearlo, no sale. Parece mentira que uno tarde tanto en aprender que en la vida las cosas no suceden a menudo cuando uno quiere. Suceden cuando uno acepta que ocurrirán cuando tengan que ocurrir. Paradójico, ¿verdad?"

Dejó de hablar y se fijó en sus ojos, de un color tan intenso, tan felino.... Era difícil decir si reflejaban curiosidad o indiferencia. Lo que sí que reflejaban era el brillo intenso de la Luna. Entonces, tomando mucho aire y hablando con cautela pero decisión, le preguntó:

- ¿Por qué me cuentas todo esto?

- Porque no puedo dormir ni llorar.

viernes, 10 de octubre de 2014

Algo funcionará

Quizás no debiste empezar. Quizás, y sólo quizás, deberías acabar ya. Pero esas cosas que se van acumulando en el montón de "todavía no" van sedimentando hasta formar un fósil en lo más profundo del alma. Y cuando lloras se erosiona, se deshace, e igual que cuando echas agua oxigenada en una herida, escuece. Y como duele, vuelves a tener excusa para decir "todavía no". Va pasando el tiempo, que dicen que lo cura todo. Pero a veces no, a veces es como un sonido de fondo que cada vez se hace más fuerte levantándote un intenso dolor de cabeza. Pero no siempre, hay veces que sí cura cosas. Y así te diste cuenta de lo absurdo de inventarse reglas. En la vida no hay reglas, hay situaciones, todas y cada una de ellas distintas. Puede que esto sea una regla, así que huye de ella y cree en las reglas. ¿Confuso verdad? Así es la vida. Vaya, otra norma. Haz lo que quieras, al final algo funcionará.

Buenas noches y buena suerte.

domingo, 1 de junio de 2014

Hay que saber usar Twitter

Hace ya tres años que le dije "hola" y ella me dijo "hola y adiós", como a Sabina en sus 19 días y 500 noches. Desde entonces, el tiempo entre cada "hola" y su "adiós" se fue haciendo más grande. Y las cosas de las que hablábamos en ese tiempo, más importantes. Hasta que un día redujimos a cero, en cinco horas, la distancia que Skype tardaba en salvar en milisegundos. Pero merecía la pena, sobre todo si te están esperando con un Cola Cao porque saben que el café no te gusta para desayunar.

Y allí estábamos, dando una vuelta por Barcelona, el uno al lado del otro. Las bromas ya no se hacía de cara a una pantalla de un ordenador que luego se la contaba al otro. Las palabras se decían y se escuchaban en el mismo momento, en el mismo sitio. Me dijo:

-¿No te parece extraño?
- ¿El qué?
- Que estemos aquí los dos bromeando y hablando como si nos conociéramos de toda la vida.
- Pues no lo había pensado.

Y la verdad es que no lo había pensado. Lo que me parecía raro era la pregunta. Y en el hecho de que me pareciera raro esa pregunta estaba su propia respuesta. Era muy raro. Justo después le hice esta foto en la que sale riéndose, como casi siempre, porque la pillé desprevenida.


Por eso jamás entenderé que Twitter a menudo sirva para enfrentar a la gente si a nosotros nos sirvió para todo lo contrario. Eso es porque la gente no sabe usarlo. El día en que lo consigan, tendrán alguien con quien bromear, con quien hablar de cosas de las que con otras personas jamás se atreverían ni a mencionar. Y tendrían fotos muy chulas como esta en la que yo primero saqué la lengua, pero como iba a ser para su madre, la repetimos y yo sonreí y ella sacó la lengua. En fin, felicidades Laurota, espero que tengas un gran día =)

lunes, 26 de mayo de 2014

De cuando se fue

Y empezó otra vez, la tercera. Estaba esperando a que viniera sin percatarse de que ella, al irse, no dijo "hasta luego". Es más, no dijo nada: se fue tan silenciosamente que él apenas se dio cuenta de que se había ido. Y sin embargo, ahí seguía, tumbado en su cama, lleno de esa esperanza que parece hincharnos el cuerpo entero pero en cuanto te dan un abrazo más fuerte de la cuenta te das cuenta de que apenas hay aire. De esa esperanza tan frágil que te tiembla la barriga y que sabes que en cualquier momento se desinflará tan brusca y patéticamente como un globo cuando se suelta, emitiendo ese humillante chillido que indica que todo se acabó ya.

El día parecía radiante, pero la realidad es que los rayos del sol ni siquiera tocaban el suelo de su habitación, iluminada por una de esas bombillas viejas y amarillentas. Pero él sonreía, feliz de despertar en un día tan soleado. Y de repente pasó: uno nunca sabe cómo, jamás recuerda por qué en un determinado momento la verdad cae como un jarro de agua fría, helada, tan gélida que al tocar el suelo en vez de salpicar, se resquebrajó en mil pedazos de hielo. Uno nunca sabe por qué de repente todo se viene abajo y la realidad aparece bruscamente, más dura y afilada de lo que en realidad es, pero demasiado hiriente para quien le ha dado la espalda.

Entonces se levantó de la cama tan rápido que los muelles chirriaron molestos por semejante falta de consideración. Las sábanas volaron más alto de lo que jamás un trozo de tela inerte podrá hacerlo. Sus pies apenas tocaban el suelo mientras recorría la casa nervioso buscándola pero sin buscarla, pasando la vista por encima de todo rincón pero sin detener su mirada en ellos, asumiendo que ya no iba a estar. El día radiante se convirtió en un cielo teñido de nubes grises y plomizas, tan densas como el aire que cada vez le costaba más respirar, con el que casi se atragantaba.

Cuando ya no pudo más se sentó, puso la cabeza entre las manos y suspiró. La había perdido y parecía que para siempre. Mientras la esperaba en la cama con los ojos cerrados para no ser consciente de la verdad, con la ingenua ilusión de que ella le despertara, en realidad ella se había ido sin hacer ruido. Y en realidad había hecho mucho ruido, tanto como para que su vida entera se desmoronara. Pero cuando uno cierra sus ojos, sus oídos y su alma para no herirla, ni mil bombas pueden rozarla aunque por dentro se muera de asfixia. Así, un frío pero soleado día, su voluntad se marchó sin decir nada y él quedó tan vacío de intenciones que hasta su corazón se sentía ridículo latiendo un corazón sin sueños.

lunes, 10 de febrero de 2014

Lengua muerta

Boca que anhelas decir
lo que siempre dices,
evitando las palabras
que no quieres repetir.

Esas que se atragantan
y duelen al pensar,
que imaginarlas hacen
que cueste respirar.

En lo más hondo
en lo más puro,
la vida son cuatro palabras
que ya no puedo usar.

Un diccionario de tabús
una lista de suspiros
espinas hirientes de una rosa
que no supe podar.

El invierno te acecha,
te escarcha y te atormenta.
Hielo blanco, escarcha negra,
que duele pero no condena.

Así, el azul se hizo gris
en el diccionario de tabús,
el aire fue humo denso
e ignorar es ser feliz.

Palabras vivas de una lengua
muerta para mí,
que escucho pero no entiendo
ni entendí.

Boca que anhelas confusa,
canta, tararea o calla,
y escucha al corazón latir,
pues sólo a él entiendo,
sólo él sabe vivir.