Llegué con la mochila cargada, a rebosar. Quise encontrar un asiento para acomodarme y abrirla, observar detenidamente su interior, todo cuanto contenía. Pero no lo encontré, asi que la tiré en cualquier lado. Cuando lo encuentre, recogeré la mochila, le sacudiré el polvo, y la abriré. Probablemente el contenido a analizar habrá variado ligeramente, pero aún así, siempre debe uno saber qué carga a sus espaldas.
PD: Si alguien encuentra la mochila, le ruego encarecidamente que no la abra. Gracias.
jueves, 19 de noviembre de 2009
viernes, 13 de noviembre de 2009
Sin pausa pero sin prisa
Imagina, por un momento, que vivieras lo mismo que una mosca. Imagina que tienes sólo un día para hacer todo lo que harías en ochenta años. Tus primeros pasos, tus primeras palabras, los bocadillos de crema de cacahuete y de paté de tu madre. La madurez, empezar a conocer el mundo, a comprenderlo, a ser partícipe de él. Tu grupo de amigos, tu primera vez en una discoteca, la primera vez que llegas más tarde de las doce de la noche y piensas que has dado un gran paso. Tu primer amor, tu primer beso, tus sueños y expectativas, tus amistades, tus desamores, tus discusiones. Tu vida universitaria, tu carrera, tu primer trabajo. Tu boda, tus hijos, los primeros pasos de tus hijos, los bocadillos que les preparabas. Su grupo de amigos, la primera vez que llega tarde a casa y estás preocupado. Su primer amor, sus sueños, sus expectativas. Verlos crecer y comenzar a comprender el mundo, a querer cambiarlo. Imagina la de cosas que no podrías hacer por tener un sólo día para hacerlas. Ahora respira hondo, vuelve a la realidad. Tienes toda una vida por delante. Reflexiona, piensa si merece la pena perderse todas estas cosas por no seguir hacia delante, por no luchar, por sentarte en la orilla y ver el agua correr hacia el mar. No permitas que unas pocas sombras tapen el sol, no dejes que unas cuantas noches sin estrellas te priven del privilegio de ver la luna. Adelante, deja de leer y comienza a vivir. Sin pausa pero sin prisa.
lunes, 12 de octubre de 2009
Caminante no hay camino
Las lágrimas querían brotar, delatadoras, pero Pablo las encerró en contra de su voluntad. No era la primera vez que Pablo miraba atrás, echando un último vistazo a todo y a todos los que le rodeaban, intentando retener una imagen perfecta, como si de una fotografía se tratase. Un retrato que regresaría a su mente en las noches en vela en las que añoraría todos aquellos recuerdos, recuerdos que evocaría una y otra vez hasta el agotamiento, cuando el cansancio venciera a la morriña y sus pensamientos se perdieran en la fría oscuridad de la noche. Pablo dejaba, otra vez, todo atrás para empezar de nuevo, para adentrarse en una nueva aventura. Se sentía como una gallina ciega a la que desorientan una y otra vez después de que con esfuerzo consigue encontrar el norte. Abandonarlo todo, volver a crecer en otro lugar. Su corazón y su alma comenzaban a hacerse de hierro a base de bien. Pero dentro de la melancolía y el miedo a volar solo de nuevo, Pablo sentía que, otra vez más, la vida cambiaba, su vida cambiaba, él cambiaba su destino. Sabía que era una nueva oportunidad para aprender, explorar, continuar el viaje de forma distinta, llenando poco a poco el saco de experiencias que, llegado el momento le brindarán la satisfacción del esfuerzo y la voluntad, el ímpetu y la fuerza. Dentro de la tristeza Pablo se sentía afortunado. Para bien o para mal su vida cambiaba, su destino tomaba un rumbo distinto, que correcto o no, le hacía sentir vivo. Mejor es poder tomar el timón del barco y decidir la ruta, la del éxito o la del fracaso, ambas buenas al fin y al cabo, que dejar la vida pasar sin pena ni gloria, como una rosa a la orilla de un río, mientras el tiempo le arrebata segundos de una existencia inexistente, hasta que irremediablemente se marchita y se muere sin llegar nunca a ser consciente de que hubo un tiempo en el que disfrutó de la magia de vivir. Una vez más, Pablo miró atrás, fijó su vista en el horizonte, agarró sus maletas y comenzó a caminar. "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".
La vida es para quien la vive.
La vida es para quien la vive.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Camino arriba, camino abajo.
Cuando Marina se dio cuenta de que le faltaba su pendiente, inició sin dudarlo un largo camino en busca de tal preciado objeto. La angustia le nublaba la vista y apenas era capaz de recordar lo que escasos segundos antes había hecho, dicho o pensado. Nerviosa y ofuscada, siguió desandando lo andado, echando de vez en cuando un vistazo a los sitios susceptibles de ocultar el pendiente. Después de llegar hasta el último punto donde recordaba haber tenido entre sus manos el susodicho objeto, se dio la vuelta resignada, mas anduvo ojo avizor por si se daba la milagrosa aparición del pendiente. Pero cuando llegó al punto del que partió, al punto donde todo empezó, donde se percató de tan desagradable ausencia, la angustia se convirtió en tristeza, la esperanza en desesperación y la vitalidad en resignación. Abatida y desconsolada, Marina continuó su camino sin ni si quiera darse cuenta de que el pendiente desapareció en el momento en que la angustia invadió su cuerpo, pues este permaneció siempre en el sitio donde todo empezó y acabó, donde azarosamente el pendiente cayó al vacío irremediablemente. Algo que Marina nunca vio porque no quiso ver, porque su tozudez le impidió pensar con claridad, guiándola como un burro que no ve a ambos lados del camino, y que prosigue con su desganado trote sin saber cómo ni dónde acabará la travesía.
martes, 8 de septiembre de 2009
Feliz
Era un manojo de nervios. La angustia oprimía su pecho al mismo tiempo que la desesperación le quitaba aliento, vida. Mientras, preguntas y preguntas acechaban su mente, la martirizaban, y se iban sin dejar respuesta. "¿Por qué, Dios mio? ¡Sólo tiene tres días! Sólo hace tres días que reposa en mis brazos y ya me lo quieres arrebatar." Cuanto sufrió para dar a luz a tan pequeña e indefensa criatura, y cuánta recompensa al verle en sus brazos, llorando, luchando por respirar, por vivir, dando las gracias a quien le había dado la vida. "Dios mio, por favor, dale una oportunidad". Los minutos pasaban. Cada uno de ellos era un grano de arena que se deslizaba al vacío y añadía un instante más de incertidumbre. Pero tras un buen rato, la respuesta llegó. Se había salvado. Fue a verlo de nuevo para cerciorarse de que el milagro era real. Y al verlo de nuevo, envuelto en una manta blanca y con sus pequeños ojos cerrados, con su barriga subiendo y bajando, supo que daría hasta su vida por aquel ser que descansaba en esa cama. Al verlo respirar otra vez, libre de todo peligro, supo que alguien en algún lugar y por algún motivo, la quería. Al contemplarlo, con sus mejillas sonrosadas y sus dedos minúsculos, disfrutando del placer de vivir de nuevo, supo que, en ese preciso instante, nada ni nadie sobre la tierra o en el universo era tan feliz como ella. Feliz.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Disculpen las molestias
Blogger reflexionando. Disculpen las molestias. El servicio se reanudará pronto.
martes, 1 de septiembre de 2009
De nuevo, el puzzle
Llega el momento. El puzzle se ha roto, ha volado en mil pedazos. Lo he aguantado más tiempo del que debiera. Y ahora me resiento. Se acerca la noche, una muy larga. Y en la intimidad de la oscuridad se escucha un lamento, desgarrador aullido de un alma herida. Más de una noche necesitaré para que el puzzle luzca, si no nuevo, al menos parecido. El día parece lejos, el sol me esquiva. Entre los fragmentos de un dolor frío el sueño se apodera de mí. Al despertar, día nublado, pero al menos día. La noche, larga como muchas juntas, ha pasado. Esperaré sentado, mientras supura la herida, a que el día me regale una sonrisa y las lágrimas curen el dolor. Pero nunca podré borrar la cicatriz. Cicatrices que recorren y recorrerán mi cuerpo, recuerdos de noches de dolor y pegamento, juntando los trozos de un puzzle que nunca parece bien hecho.
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