De cara al horizonte

miércoles, 14 de febrero de 2018

El día en que Nomadi encontró su hogar

Bosques frondosos, mar abierto, acantilados tan altos que el vértigo absorbía el oxígeno de su cerebro y la valentía huía de su pecho por sus piernas dejando un cosquilleo nervioso al borde del miedo. Nomadi había visto de todo, había viajado tanto que sus pasos formaban ya una historia en la que el principio parecía muy lejano y el final era incierto. Nomadi viajaba y viajaba, pero nunca encontraba un sitio al que llamar hogar. Y hablaba con las criaturas que habitaban cada lugar, acribillándoles con preguntas, secuestrando su tiempo y obligándoles a formar de su causa perdida. Y escuchaba a las plantas, al mar y al viento. Pero nadie tenía la solución. Al final, siempre pasaba lo mismo: la frustración llenaba a Nomadi de un dolor de fondo, como un ruido en forma de zumbido que llenaba los silencios de su vida. Y abandonaba ese lugar, recordando a todas las criaturas que había conocido y dejándolas atrás, emprendiendo de nuevo su camino solo.

Y Nomadi viajó y viajó, buscando su hogar. Dejando atrás conversaciones, historias y vidas enteras, y emprendiendo de nuevo su interminable travesía solo. Hasta que un día Nomadi, al borde de uno de sus acantilados, a punto estuvo de encontrar la muerte. El azar quiso que encontrara tierra firme de nuevo en vez de precipitarse al abismo. Y en esa fracción de segundo en la que la vida pasa por delante como una película con protagonista e inesperado final, comprendió la verdad. El mundo era su hogar, pero no el mundo de los árboles, ni las piedras, ni el mar, sino el de los búhos, las serpientes, los leones y las cucarachas. El de las vidas de todas aquellas criaturas que le habían regalado su tiempo para ayudarle, a las que había conocido en medio de su interminable viaje. Así, Nomadi aprendió que el mundo es solo eso: infinitas partículas y átomos a los que el tiempo ha dado múltiples formas. Y que su hogar habita en las personas que dan forma a ese mundo, que lo habitan, que nacen, viven y mueren, dando su espíritu a una historia mucho más grande que la de su individuo: la del universo.

Ahora Nomadi comprendió que lo que importa no es a dónde ir, sino con quién. Y en lo alto de otro acantilado divisa el mar. La noche cubre el bosque iluminado por diminutas luces, la de las criaturas que lo habitan y que son su hogar. Pero Nomadi ya no está solo, vuelve a viajar acompañado y llevando a cuestas su hogar. Hola Yoko, bienvenido a este interminable viajar.

martes, 7 de noviembre de 2017

Conjugando verbos estúpidos

Me recorres desde la suela de los pies
hasta la punta del alma,
me retumbas desde la oscuridad
de mi pecho hasta la luz de mis ojos.

Te siento en el cosquilleo que
ruboriza mis entrañas al respirar,
en los pasos torpes que doy
cuando no me dejas pensar.

Te siento en los tiempos muertos
que me retuercen el estómago,
y me ahogan, me aplastan,
como si por dentro fuera a reventar.

Y si recogieran mi cuerpo en trozos
ninguno de ellos tendrían sentido ya,
porque son un puzle que solo
tú sabes cómo volver a formar.

Te siento tanto que no siento nada
más allá de imaginarte infinito,
de quererte entre silencios,
de gritarte entre suspiros.

Me río por no llorar, porque ya no sé
si es de tristeza o de felicidad.
Me has mezclado tanto por dentro
que yo ya no soy yo, ni fui, ni seré.

Porque has deformado tanto la realidad
que los verbos juegas y me liarán,
y retorcieron mis frases hasta
que las hubieran hecho una calamidad.

Y vengo de aquí para allá sin saber
ni el inicio ni el final, igual que
esta historia que has escrito
sin saber si quiera que se iba a publicar.



miércoles, 18 de octubre de 2017

Me quemo, me hielo

Y si tu mirada no fuera un enigma,
ni tus silencios una interrogación,
y si mis bromas fueran respuestas
y todo esto no sea una equivocación.

Me rajo los brazos por la mitad
para que leas entre venas
que me muero si te callas
y que yo no sé qué contestar.

Me has abierto el alma de par en par
y apenas te has parado a mirar
que me he puesto como loco a temblar
temiendo que sea mío lo que hay dentro.

Me rompes, me deshaces,
me entretienes, me detienes,
en los suspiros vacíos y huecos
que me taladran las sienes.

Cómo has conseguido
calarme hasta los huesos
y convertirlos en arcilla
que moldeas entre tus dedos
con descuidada asimetría.

Qué deseas, qué esperas,
qué piensas cuando
creo
que me quieres.

Sangre, sudor, las lágrimas no las quiero,
y quiero creer que no vendrán,
pero creo que lo quiero menos
de lo que te quiero cuando aquí, conmigo estás.

Arde la piel, se quema,
tanto con la llama de fuego
más intensa,
tanto con un iceberg
de triste y depresiva indiferencia.

Y pienso, y creo, y quiero creer,
porque tus ojos me dicen que sí,
y tus manos también.
 
Pero me muero de miedo al imaginar
que todo sea mentira, y te vayas dejando
el alma abierta, de par en par,
y se me enfríe la vida, y se me hielen las ganas
de respirar.





miércoles, 23 de agosto de 2017

Matemáticas diferentes

Se me hace el corazón sangre
solo de pensar que pueda pasar,
que en algún momento no haya
nada más que un centímetro de aire.

Se me parten las venas por la mitad,
y la cabeza también, solo al imaginar
que pueda ser real, que un instante
se convierta, de repente, en la eternidad.

Ya no sé ni cómo respirar, ni para qué,
si el oxígeno hace tiempo que mi
cerebro abandonó, y sobrevive
de bocanadas turbias que llegan del corazón.

Qué fácil es coger el diccionario y arrancar
todas sus hojas, romperlas y tirarlas sin más,
y hacer con ellas una inmensa hoguera
en el que la palabra lejos arde sin piedad.

Qué difícil parece que la noche y el día se
puedan besar hasta fundirse en un ente
único que no se puede diferenciar, salvo
por el color de la luz y media mano de más.

Y si me tiembla la voz al pensar
que todo lo que empieza, puede acabar,
pero si pienso no siento, y eso me
asusta incluso más.

Sentir, dejarse llevar, vivir y olvidar,
o recordar, que uno más uno es dos,
pero todo depende de lo que quieras sumar.


domingo, 6 de agosto de 2017

Pensar sin pensar

Qué hacer si al pensar
algo se rompe por dentro
y todo parece que se va a desmoronar.

Dónde esconder esa voz
que habla sin decir nada
y, por dentro, la quieres ahogar.

Cómo encontrar la paz
que, en medio de la noche,
se consiguió escapar,
dejando tras de sí un rastro de sangre mortal.

Por qué es tan fácil
que una palabra, un gesto,
llenen tus suspiros de angustia y pesar.

Qué sentido tiene pensar
en qué hacer cuando no hay voluntad,
cuando te tiembla la respiración
solo al imaginar cosas que
ni siquiera han llegado a pasar.

Y la cabeza se convierte
en un estercolero de paranoias,
mil ramas de un árbol podrido
que hunde sus raíces en apenas
tres segundos de tu vida.

Mil versiones distintas de una historia
que jamás llegará a suceder,
que sólo se escribe con la sangre
que se escapa de tu cerebro para perderse por tu cuerpo.

Cuando pensar ya no es lógico
sino un burdo disfraz con el que ocultar la verdad:
la historia que imaginas una y otra vez
y que se muere cada vez que recuerdas que no es real.

Qué, cómo, dónde y por qué,
preguntas que no valen una mierda
si no las sabes responder.


sábado, 22 de julio de 2017

Uno, dos, tres...

Odia las noches que te oscurecen el alma,
las que te envenenan la sangre,
que quema pero no arde,
que desvela sin que haya llama.

Destroza, olvida y borra los segundos
que pudiste evitar pero viviste,
y escupen en tu memoria
como un tributo a tu estupidez.

Llora y grita, guarda en silencio
lo que no quieras decir,
sabiendo que pesa y ahoga
como una soga con la que convivir.

No pienses, sufre y miente,
al final lo olvidarás,
y jamás recordarás ese paso
en falso que te hizo perder.

Hay en cada instante
un trozo de tu vida,
un suspiro que llena de aire
tus pulmones, y luego los vacía.

Y cada suspiro lo sentirás distinto:
unos, un cosquilleo triste
que flota indeciso y trémulo,
como una nota perdida
en una partitura inacabada.

Otros, insípidos, intrascendentes,
transparentes e inofensivos,
que solo pasan por pasar,
por llenar el tiempo con algo que contar.

Otros, nerviosos y alegres,
una ola de agua cristalina
que todo lo inunda y lo llena
con la ilusión de vivir.

Y si al final los quieres contar,
"uno, dos, tres...",
 que nunca sea de noche,
porque hay un número ilimitado
de ellas que puedes odiar.

martes, 27 de junio de 2017

Think short, feel long

Time flows and flies, days and nights, nights and days, one after another. And he realized that life is just the things we do with the time, that only passes. Cause time does nothing, it just exists. Like him... But existing and living is like the water and a river: both the same, both quite different. And there he was, standing in front of the sea with, moon shiny illuminating the infinite ocean and his thoughts flying far away but nowhere. Suddenly, a dying wave touched his feet. It was really cold but, at the same time, he felt he really wanted to swim. But then he will be wet in the night. But he also would leave next morning and he may not return to that beach never. So he wanted to swim but it seemed to be crazy do it in the middle of the night. Something happened, an impulse, a second, a breath and he jumped into the water. Lots of feelings at the same time... but Nomadi was happy. Cause you just live one time and there are things that can only happen just once. Why be so risky and don't live them? Why be so scared of being alive? So Nomadi swam for an hour and when he got out of the water he felt his body freezing from the feet to the heart. But this one was beating as hell, and all the bad things were just a background whisper in the middle of the wonderful music of the life, of his blood hitting the walls of his veins, the melody that no one can hear but everybody can feel of the soul full of emotions. And that night Nomadi was cold, and he barely could sleep and he got sick. Sick of happiness. Now, Nomadi keeps travelling around the world, thinking hard but short, feeling deep and long. Nomadi n'a pas de foyer, parce que le monde entier est son foyer.