De cara al horizonte: enero 2014

sábado, 18 de enero de 2014

De lo que acaba

Va y viene tan rápido que ya no sabe dónde empezará el va y cuándo acabará el viene. Puro nervio, emoción descontrolada que se palpa en su andar y casi en su respirar. En la forma en la que coge las cosas, con una suavidad electrizante. Es como si los impulsos de sus neuronas a las extremidades de su cuerpo fueran más rápidos que la propia luz. La gente lo ve y piensa que de nervios ha perdido la cabeza. Y puede que sea verdad. Pero a él ya le da igual, tiene tantas ganas de acabar que el deseo mismo le desborda y le agota. Quiere acabar, aunque en realidad no quiere. Y es que cuando acabe ya no habrá nada sobre lo que desear su fin. Por eso avanza con el ansia tan reprimida que de liberarse espontáneamente acabaría con todo lo que le rodea. Una calma tensa, lenta y desesperante rapidez.
Abre la ventana con la esperanza de que el aire fresco le tranquilice. La Luna le observa con tanta curiosidad que brilla hinchada escondida tras las nubes. Fuera apenas se escucha el maullido de un gato callejero invisible que vagabundea buscando comida o compañía nocturna, quizás ambas cosas. La calle está desierta y helada, cubierta de esa fina capa de humedad bajo la que se esconden los latidos de una ciudad que dormita en apariencia.
Pero finalmente no aguanta más, un último impulso le invade desde los pies hasta la punta de los pelos de la cabeza. Coge el libro y se echa en la cama a leer. Una palabra, dos, tres... y hacen una frase. Dos frases, tres... y hacen un párrafo. Y así van cayendo las páginas. De repente cierra el libro... y lo vuelve a abrir. Y sigue leyendo. Las hojas pegadas a la tapa dura del final cada vez son menos, sus dedos lo notan y, por ende, él lo sabe... pero lo ignora. Hasta que llega la última página. ¡No! Pero sí, no puede evitarlo, no lo puede postergar más. Y así, supo que Paola en realidad no era quien decía ser y que Mario desapareció porque jamás había existido. ¡Qué final! ¿Y ahora qué? Cerró el libro y también los ojos, apagó la luz y también su mente. Qué ingenuo... ¿Cómo Paola podría haberlo ocultado tanto tiempo? Había sido un buen libro. Pero se había acabado. Había llegado el fin que tanto había deseado y temido al mismo tiempo. Volvía a preguntarse qué haría ahora: su anhelo, el que había guiado casi todos los suspiros de los últimos días había desaparecido. Al final se durmió, pero sin saber que en el limbo entre la consciencia y los sueños ya había resuelto la duda: mañana volveré a empezar... Buscaré otro libro.
Y es que las cosas que acaban en realidad son otras que quieren empezar.

martes, 14 de enero de 2014

Puntos azules

De la nada aparece,
en la nada se desvanece:
la esperanza en sus zapatos,
la muerte en mis manos.

De azul tiñe el alma,
de negro el corazón:
enorme vacío, hiriente calma,
agitan el trastero de la razón.

Así, batiendo las alas,
la mariposa se hace rosa,
y en cada batida clava
una espina venenosa.

Y el mundo se cae,
se desmorona,
y en la noche se oye
una voz tristona.

Un lamento, un suspiro,
un deseo de libertad,
que destroza sin querer
y también sin compasión.

Vuelve y no está,
de la nada aparece,
en la nada se desvanece.

Triste y aletargado
el corazón desolado
se pregunta si volverá a amar.

Si en la nada
encontrará el valor
de luchar por su libertad.