- La última, por favor.
Sus ojos rojos, hinchados, lastimosos, suplicando una última vez más.
- Agárrame la mano.
Se miraron el uno al otro. Ella, hermosamente anciana; él, cansado, moribundo.
La música sonó, y un bello vals, su último vals, comenzó. Las notas del violín desgarraban el silencio, como la música desgarraba los recuerdos de él, como sus lágrimas al surcar su envejecido rostro. Cada acorde, una lápida, una losa que lo enterraba más, que lo sumergía en la oscuridad. Cada compás, un recuerdo, cada nota, un instante. Cada momento allí agarrados era miel y hiel, consciente de que cada silencio que dejaban atrás suponía un paso más hacia el final del vals, del último vals. Él, enamorado, y ella, impotente, aterrorizada, aferrando contra su pecho esa mano, el último lazo que la unía a él, a su vida, temiendo que de un momento a otro la melodía cesase, la vida terminase, y tuviese que llorar, esta vez, al lado de un cuerpo inerte. Y así pasaron segundos, minutos, quizás horas. Y el violín se fue apagando, diminuendo, el arco acariciando vagamente la cuerda, la vida resistiendo cansada la lucha. Y el violín cesó. El vals acabó. Se hizo el silencio, los recuerdos, fotogramas que pasaron mientras la música sonó, se desvanecieron en la oscuridad, en la oscuridad de la mente, en la oscuridad de la muerte. Y cerró los ojos. Allí, tumbado en la cama, yacía el hombre que durante años le regaló cada instante de su vida. Y el violinista se levantó, saludó y se fue. Y ella soltó la mano, lo miró por ultima vez, y en un leve murmuro, le susurro al oído:
- Gracias.
martes, 16 de junio de 2009
lunes, 15 de junio de 2009
Hielo
Enfrentarse a los miedos, cara a cara. Asusta. Hace tiempo que me quedé allí, en medio del hielo. El tiempo pasaba, y mis esperanzas se derretían. No podía verlo,no quise mirar. Ahora, en una isla, isla que se desvanecerá, he abierto los ojos aunque no quiera. Y miro al frente, y solo veo agua, agua muy fría. No quiero nadar, lanzarme de cabeza. Pero ya no hay marcha atrás. Ahora me arrepiento. Me frustra, me asusta no ser yo quien pueda decidir, no controlar mi nave, pensar que puede vagar a la deriva sin que yo pueda evitarlo. Es algo que no entiendo, que me resisto a comprender. Quiero saber todo, poder hacer de la vida un número, un número comprensible. Pero ya no, no si quiero vivir. Y lloro, no quiero. Mas el hielo no aguanta. Y me lanzo, sin pensar, sin mirar. Y el agua está fría. Y no sé por qué. Pero no puedo saberlo. Hay cosas que no se pueden aprender, que no se pueden enseñar. Llorar, amar, no tienen fórmula. Y llego a la orilla. Y veo mi isla hundirse. Y suspiro. Me alegro. Hay cosas que son, sin más. No tener que saberlo todo, que todo no dependa de tí, miedo, pero también alivio. Si me equivoco, mi vida es un error, mi existencia un fallo. Pero hay cosas en las que no puedo fallar. Ahora me doy cuenta, ahora es cuando no quiero saber nada. Y ahora noto la ropa, la ropa mojada, que se ciñe a mí, y me recuerda el frío del agua, la soledad de la isla. Me limito a saber, a conocer aquello que es posible. Pero ahora amo, lloro y siento, sin más. Porque amarte no tiene fórmula. Quizás sea duro, quizás sea bueno, pero al menos es, sin más, irracional. No quiero saberlo todo, perdón, algo he de saber. Pero no quiero entender por qué te amo. Porque de saberlo, lo conocería, y de conocerlo, decidiría, y eligiendo fallaría, y podría dejar de amarte. Mejor así. Porque hay cosas que no se entienden, porque hay cosas que se sienten, y no se pueden saber. Siente, conoce, mezcla. En fin, vive. Y ama.
http://www.youtube.com/watch?v=I0tMmsUEGOY
http://www.youtube.com/watch?v=I0tMmsUEGOY
martes, 9 de junio de 2009
Vivir
Y allí estaba, a las dos de la tarde de un domingo de septiembre, contemplando el presente y añorándolo, añorando aquello que en minutos sería recuerdo, echando de menos lo que aún tocaba con mis manos. Mirando aquí, allá, arriba, abajo, recordando en un minuto once años de existencia. Llegado el momento, dije adiós, un adiós del que me arrepentí toda mi vida, un adiós inconscientemente débil, frío, casi rencoroso, quizás por la tristeza o por el miedo. Una vez sentado, mirando atrás, intentando lo inevitable, queriendo parar aquello que ya ocurría. Y lo ví. Amor, pasión, locura, tristeza, alegría, consternación, odio, rencor... sentimientos. Y abrí los ojos, y me dí cuenta de cuán engañado estaba, de cuánto ignoramos lo que de verdad es la vida, de cómo los sentimientos, que son fin, se convierten en medio, en herramienta. De cuán fríos somos, ignorantes del momento, del ahora, ilusos del futuro. Quiero amar, enloquecer y entristecer, odiar y sentir el momento. Quiero ser humano. Quiero vivir. Aunque solo sea cinco minutos, valdrán toda una vida.
domingo, 7 de junio de 2009
Tormenta.
La oscuridad cubre el cielo, cielo roto. Los rayos iluminan en apenas un instante el mar infinito. Y en medio, el barco, mi barco. La mar, furiosamente bella, ruge por engullir cuanto queda de mí. Y mientras, el timón, vacío. No soy yo quien dirige la nave, no soy yo quien la controla. La tempestad, ansiosa, espera. Yo, impotente, cuento los segundos para yacer en el fondo, junto a los hierros de mi barco. Mis intentos de agarrar el timón son inútiles. Estoy a merced del viento y espero mi destino sentado, de cara al horizonte. Escupe, imbécil, entrega a la oscuridad aquello que te ilumina, lamenta eternamente el momento en que perdiste las riendas.
lunes, 25 de mayo de 2009
Soy yo
Estoy harto. Alabad a la gente, decidles lo que valen, las cosas buenas que tienen, y todos te dirán que no es para tanto, que los hay mejores que ellos. Todos temen que los señalen por creerse más que nadie. Parece que nos obligan a agachar la cabeza, a tenerla escondida y no decir nada, no vaya a ser que nos digan algo o nos paren los pies, o me recuerden que también hago cosas mal. ¡Mierda para todo ellos! ¿Sabéis lo que os digo? Que yo estoy harto de agachar la cabeza, que si hago cosas bien lo digo bien alto y me lo creo, que lo hago bien, que soy especial por ello. ¿Y si hago cosas mal? ¡También! Que es muy dificil ser yo, es difícil hacer las cosas tan bien como las hago yo pero también es difícil hacerlas igual de mal que yo. Que yo la cago de una forma especial y eso es lo que me diferencia y por eso estoy orgulloso de ser yo y de gritar lo que hago bien y lo bien que hago las cosas mal. Que ser uno mismo es muy difícil, y ya quisiera ver yo a otro haciendo lo que hago yo. Tampoco me refiero a que haya que ir por la vida de prepotente, pero como ya he dicho alguna vez, el punto intermedio existe.
lunes, 18 de mayo de 2009
Reflexión (lo primero) y comentario crítico (lo segundo) qué grillado estoy :S XD
La mente es impulsiva, la vida del hombre son impulsos inexplicables, irracionales, pero naturales. En su día a día, el hombre se esfuerza por contener sus impulsos, reprimirlos, encorsetarlos. Es ahí cuando surge el conflicto. El hombre trata de desnaturalizar su vida, convertirla en artificial, vida que de sí es natural. Cuando el hombre encuentra el equilibrio justo entre impulso y vida en sociedad, la naturalidad de la vida fluye contenidamente y el hombre se siente e armonía con el mundo que le rodea, con su vida y consigo mismo. Pero cuando sus impulsos son incontenibles e irrefrenables, la vida social se hace imposible. El todo o nada no es la única posibilidad válida, el equilirio es otra opción igual de válida y en muchas ocasiones la más conveniente. Estoy harto de pensar en todo lo que hago, de analizar todo lo que digo, de darle mil vueltas a lo que pienso. A veces querría decir basta, gritar cuando y donde me plazca, apoderarme de mi vida y vivirla tal y como yo quiero. Porque un "no quiero" es vivir, porque un "te quiero" no se piensa, se siente.
Lo has conseguido. Me has demostrado que ya no puedo confiar en ti que me puedo esperar lo peor. Has minado mi moral, mi fe hermética e indestructible en ti, en tu existencia y en tu lealtad a tu deber. Ya no puedo engañarme por más tiempo, he de abrir los ojos, ver y escuchar lo que el mundo me muestra. No existes o no eres fiel a ti misma, no eres mas que el eco de un mito pasado, te has corrompido y tu significado ya no es el mismo. Día a día me lo demuestras, te empecinas en enseñarme tal y como eres. No te detienes ante nada ni ante nadie, nada sacia tu sed, tu ansia de más. Has dado paso a un monstruo que deja su rastro de terror allá por donde pisa. Ayer en América, mañana quien sabe. Hoy estás en Gaza jugando a ser Dios, quitándole la vida incluso a quien todavía no ha podido ser consciente de ella. Tozuda e irracionalmente insistes en quedarte allí, pisando reiteradamente donde tu huella ya lleva marcada años y años. Pero no solo estas destruyendo edificios y vidas, estas destruyéndote a ti misma. Has perdido tu dignidad en algún lugar hace mucho tiempo. Pero veo que ya no te importa. Aun así, egocéntrica como eres, no sabes que no eres la única. Aunque tu sigas tercamente intentando llevarme al horror de la indiferencia, a la mísera insensibilidad, no podrás. La humanidad no es lo único que queda. La solidaridad, el respeto, la responsabilidad... Mientras tu derramas sangre por donde pasas, yo daré la mía hasta la extenuación para demostrarme a mí mismo y a cuantos me rodean que estas condenada a morir.
Lo has conseguido. Me has demostrado que ya no puedo confiar en ti que me puedo esperar lo peor. Has minado mi moral, mi fe hermética e indestructible en ti, en tu existencia y en tu lealtad a tu deber. Ya no puedo engañarme por más tiempo, he de abrir los ojos, ver y escuchar lo que el mundo me muestra. No existes o no eres fiel a ti misma, no eres mas que el eco de un mito pasado, te has corrompido y tu significado ya no es el mismo. Día a día me lo demuestras, te empecinas en enseñarme tal y como eres. No te detienes ante nada ni ante nadie, nada sacia tu sed, tu ansia de más. Has dado paso a un monstruo que deja su rastro de terror allá por donde pisa. Ayer en América, mañana quien sabe. Hoy estás en Gaza jugando a ser Dios, quitándole la vida incluso a quien todavía no ha podido ser consciente de ella. Tozuda e irracionalmente insistes en quedarte allí, pisando reiteradamente donde tu huella ya lleva marcada años y años. Pero no solo estas destruyendo edificios y vidas, estas destruyéndote a ti misma. Has perdido tu dignidad en algún lugar hace mucho tiempo. Pero veo que ya no te importa. Aun así, egocéntrica como eres, no sabes que no eres la única. Aunque tu sigas tercamente intentando llevarme al horror de la indiferencia, a la mísera insensibilidad, no podrás. La humanidad no es lo único que queda. La solidaridad, el respeto, la responsabilidad... Mientras tu derramas sangre por donde pasas, yo daré la mía hasta la extenuación para demostrarme a mí mismo y a cuantos me rodean que estas condenada a morir.
jueves, 23 de abril de 2009
Abran los ojos
Hace diecisiete años que una niña le habló al mundo de forma clara y contundente sobre la situación del mundo. Su discurso es un ejemplo de objetividad, de valor, de aplomo. Trató de tú a tú a aquellos que dirigen el mundo desde sus asientos de piel y les hizo callar durante más de seis minutos recriminándoles su actitud y bajándoles de ese altar a donde se han subido. Han pasado ya casi diecisiete años. Severn Suzuki, con 29 años ya, se sentirá decepcionada. Sus hijos verán el mismo espectáculo dantesco que ella presenció, que nosotros presenciamos, consecuencia de la deshumanización de la humanidad. No somos el centro del universo, no somos el ser superior de la mayor creación que jamás se haya visto en el etéreo infinito. Somos una parte más de un lugar que aún desconocemos del todo, del que sólo atisbamos a comprender una mínima parte. Nos comportamos como si fuéramos la perfección hecha realidad. Allá donde escarben, verán defectos por todos lados. Les repetiré eso que tanto han escuchado una y otra vez, y que aún así, cuando lo vuelven a escuchar, fingen descaradamente sorpresa y asombro ante unos hechos que les "indignan". Millones de personas mueren por hambre mientras otras tantas mueren de opulencia. Miles de niños carecen de un hogar digno mientras en otros lugares hay más casas que personas para ocuparlos. No hay agua en África al tiempo que occidente la despilfarra. No hay dinero para medicamentos a la vez que se construyen edificios inútiles, gigantescas y millonarias inversiones para desafiar a la naturaleza y a la física. Hemos entrado en un círculo vicioso de crear-destruir, crear-destruir, un círculo infinito en un mundo finito, un ciclo deshumanizante en una sociedad de humanos. No hace ni un siglo que un hombre llamado Marx revolucionó el mundo luchando por una sociedad mejor, justa e igualitaria, porque aquella de entonces sobrepasaba lo inhumano. Los trabajadores exaltados le siguieron y lucharon por aquello que ciegamente creyeron posible, y lo consiguieron. Mas sólo alcanzado un mínimo objetivo, la revolución se quedó en un eco del pasado que ahora se quiere hacer callar. Pero una cosa es cierta, y muy cierta: el mundo de hoy en día es igual de injusto y desigual que el de aquel por entonces, con la diferencia de que ahora son menos los que sufren. Aún así, llegará el día en que digan basta, se rebelen contra nosotros, y pidan lo que es suyo. Ojalá llegue ya ese momento. Quítense la venda de los ojos, la falsa conciencia de la que Marx habló aún existe.
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